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Nuestro Círculo Nº 164 Semanario de Ajedrez, 24 de septiembre de 2005 ALEXANDER D. PETROFF
Alexander Dmitrievich Petroff fue uno de los mejores jugadores rusos de la época en que comenzó a estudiarse seriamente el ajedrez en su país. Petroff recomendaba a los ajedrecistas esforzarse en dominar la teoría del juego y escribió el primer manual aparecido en Rusia: "El juego del ajedrez", San Petersburgo, 1824. Atacó algunas opiniones de Philidor y marcó el desarrollo de la teoría de las aperturas en el siglo XIX. Junto con Jaenisch, introdujo e investigó la apertura conocida actualmente como defensa Petroff. Aunque hoy en día se lo aprecia sobre todo por su obra teórica, Petroff obtuvo también algunos triunfos importantes como jugador, a pesar de que en su época los torneos se celebraban con poca frecuencia, Derrotó en encuentros a Jaenisch, S. Urusov y Shumov y ya a los quince años se le consideró el más eficiente jugador de Petrogrado. Entre sus obras destacan, aparte de la ya mencionada, el primer manual ruso sobre el juego de damas y un libro de recuerdos titulado "Escenas de la vida de varios ajedrecistas", San Petersburgo, 1844. Alcanzó gran fama como profesor de ajedrez y conocedor de la teoría del juego. Es una lástima que se conserven muy pocas partidas suyas, aunque sí algunas composiciones. Petroff desarrolló su existencia entre San Petersburgo y Varsovia y jamás compitió en torneos internacionales. Una sola vez, en el ocaso de su vida, visitó en breve gira Berlín, Viena y París por 1863 sin aceptar intervenir en torneos o partidas serias con los mejores exponentes de la época, explicando que ya estaba retirado de la práctica activa. En Diepe jugó algunas partidas informales con el sacerdote Salter, quien luego de perder escribió a Loewenthal en Londres alabando al jugador ruso. Loewenthal invitó a Petroff para que visitase Londres y cotejara con los grandes de la época, pero Petroff rehusó manifestando que sus ocupaciones no se lo permitían. Regresó a Varsovia y falleció allí en 1867, a la edad de 73 años. Esta reticencia en mostrarse en los grandes centros ajedrecísticos, su ausencia total de las competiciones internacionales, su extraño misticismo que lo recluía en un círculo cerrado y desconocido para el concenso mundial, llegaron a hacer dudar si en verdad existió. El gran Anderssen acostumbraba a tomar el asunto en broma manifestando: "¿Quién nunca vio a Petroff exponiendo sus virtudes ajedrecísticas sobre el tablero? Yo pienso que los maestros rusos lo han inventado para tener un maestro imbatible de quien hablar…" Téngase en cuenta que en esa época los ajedrecistas rusos no descollaban en las competiciones internacionales. (Basado en notas de H. Golombek y "Defensa Petroff" de Franco Di Luca). Petroff, A - Warszawa CC [C23] 1.e4 e5 2.Ac4 Ac5 3.c3 De7 4.d3 d6 5.De2 Ae6 6.Axe6 Dxe6 7.f4 f6 8.Cf3 Cd7 9.d4 Ab6 10.0-0 Ce7 11.fxe5 Cxe5 12.Rh1 Cf7 13.Te1 c6 14.Af4 0-0 15.Cbd2 Dg4 16.Ag3 Tfe8 17.Dd3 f5 18.e5 f4 19.exd6 Cg6 20.Af2 Cxd6 21.Cc4 Cxc4 22.Dxc4+ Rh8 23.Df7 Teb8 24.Te4 Dc8 25.Tae1 Dg8 26.Dd7 Cf8 27.Dg4 Cg6 28.h4 Ad8 29.h5 Cf8 30.Dxf4 Af6 31.g4 h6 32.b3 Ch7 33.Ag3 Tf8 34.De3 Df7 35.Rg2 Cg5 36.Cxg5 Axg5 37.De2 Tad8 38.Te6 Af6 39.De4 Dd7 40.Ad6 Tf7 41.Te2 Ag5 42.c4 Tf6 43.c5 Txe6 44.Dxe6 Dxe6 45.Txe6 Rg8 46.Rf3 Rf7 47.Te4 g6 48.hxg6+ Rxg6 49.a4 Td7 50.Re2 h5 51.gxh5+ Rxh5 52.Rd3 Rg6 53.Rc4 Th7 54.Te2 Rf5 55.Ab8 a6 56.Te5+ Rf6 57.Ad6 Af4 1-0 Petroff, A - NN [C43] 1.e4 e5 2.Cf3 Cf6 3.d4 Cxe4 4.Ad3 d5 5.Cxe5 Ad6 6.0-0 0-0 7.c4 f5 8.f4 c6 9.Ae3 Ae6 10.cxd5 cxd5 11.Cc3 Cc6 12.Tc1 Tf6 13.Axe4 fxe4 14.Cb5 Ce7 15.Cxd6 Dxd6 16.g4 g6 17.f5 gxf5 18.Ag5 Tff8 19.Ah6 Tfc8 20.Dd2 Dd8 21.Txc8 Txc8 22.gxf5 Cxf5 23.Dg2+ Rh8 24.Txf5 1-0 Petroff, A - Von Jaenisch, C [C43] 1.e4 e5 2.Cf3 Cf6 3.d4 Cxe4 4.Ad3 d5 5.Cxe5 Ad6 6.0-0 0-0 7.c4 f5 8.f4 c6 9.Ae3 Ae6 10.cxd5 cxd5 11.Cc3 Cc6 12.Tc1 Tf6 13.Axe4 fxe4 14.Cb5 Ce7 15.Cxd6 Dxd6 16.g4 g6 17.f5 gxf5 18.Ag5 Tff8 19.Ah6 Tfc8 20.Dd2 Txc1 21.Dg5+ Cg6 22.Cxg6 Txf1+ 23.Rxf1 Dd8 24.Ce7+ Rf7 25.Dh5+ Rxe7 26.Ag5+ 1-0 Hoffman, F - Petroff, A [C54] 1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ac4 Ac5 4.c3 Cf6 5.d4 exd4 6.e5 [6.cxd4] 6...Ce4? [6...d5 7.Ab5 Ce4] 7.Ad5! Cxf2 8.Rxf2 dxc3+ 9.Rg3 cxb2 10.Axb2 Ce7 11.Cg5? Cxd5 12.Cxf7 0-0! [12...Rxf7 13.Dxd5+ … 14.£:c5] 13.Cxd8 [13.Dxd5? Txf7 14.Dxc5? Dg5+ 15.Rh3 d6+] 13...Af2+ 14.Rh3 d6+ 15.e6 Cf4+ 16.Rg4 Cxe6 17.g3 Cd4+ 18.Ce6 Axe6+ 19.Rh4 Cf5+ 20.Rh3 Ce3+ 21.Rh4 Cg2+ 22.Rh5 g6+ 23.Rg5 Ae3++ 0-1 Petroff, A - Urusov, S [C54] 1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ac4 Ac5 4.c3 Cf6 5.0-0 Cxe4 6.Ad5 Cf6 7.Axc6 dxc6 8.Cxe5 0-0 9.d4 Ab6 10.Ag5 Ae6 11.Cd2 c5 12.Cdf3 cxd4 13.cxd4 c5 14.dxc5 Axc5 15.Dxd8 Taxd8 16.Tac1 Ab6 17.Cc4 Axc4 18.Txc4 Td6 19.Axf6 Txf6 20.Te1 Td6 21.g3 Td7 22.b4 f6 23.a4 a6 24.a5 Aa7 25.Rg2 Rf7 26.Tec1 Tfd8 27.Tc7 Ab8 28.Txd7+ Txd7 29.Tc4 Ad6 30.Cd4 Tc7 31.Cf5 Ae5 32.Txc7+ Axc7 33.Rf3 g6 34.Ce3 Ad6 35.Cd5 f5 36.Re3 Re6 37.Rd4 g5 38.Rc4 h6 39.Cb6 Ac7 40.Ca4 Rd6 41.Cc5 Rc6 42.Ce6 b5+ 43.axb6 Axb6 44.f4 Rd7 45.Cc5+ Axc5 46.Rxc5 Rc7 47.h4 gxh4 48.gxh4 h5 49.Rd5 Rb6 50.Re5 Rb5 51.Rxf5 Rxb4 52.Rg6 a5 53.f5 a4 54.f6 a3 55.f7 a2 56.f8D+ Rb3 57.Df6 1-0 Urusov, S - Petroff, A [C54] 1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ac4 Ac5 4.c3 Cf6 5.d4 exd4 6.cxd4 Ab4+ 7.Rf1 d5 8.exd5 Cxd5 9.Cc3 Axc3 10.bxc3 0-0 11.Dc2 h6 12.h4 Ae6 13.Ad3 Cf6 14.Cg5 Dd5 15.c4 Dxd4 16.Ab2 Dd8 17.a3 Cd4 18.Axd4 Dxd4 19.Td1 Dc5 20.Cxe6 fxe6 21.De2 e5 22.Af5 Tad8 23.Tb1 Tfe8 24.Th3 Td4 25.Txb7 Txc4 26.Rg1 e4 27.Tb1 Tc2 28.Tb5 Dc6 0-1 ESTRATEGO VS. TÁCTICO A fines del siglo pasado el mundo ajedrecístico asistió a un duelo extraordinario. Lasker, campeón del mundo, era duramente combatido por un compatriota suyo, técnico insuperable que no alcanzaba a comprender el secreto de las victorias del gran maestro prusiano. Tarrasch estaba echando las bases firmes de la teoría de las aperturas y había llegado a conclusiones notables sobre una enorme cantidad de planteos. Sus análisis asombraron a la época y una serie amplia de victorias en grandes torneos rubricó su derecho a la admiración de los ajedrecistas. Se enfrentó con Lasker y fue batido. Artículos agrios demostraron que Tarrasch no estaba conforme con el resultado, pero nuevos triunfos de Lasker sobre otros adversarios que, como por ejemplo, Janovsky, llegaron al agravio contra el campeón del mundo, probaron que nada podía hacer la técnica de los planteos frente a la más amplia concepción estratégica del juego de Lasker. Éste esgrimía una sola arma en sus partidas, aun a costa de ceder espacio, de dejarse atacar, de atravesar por periodos difíciles en la lucha. Lasker mantenía a toda costa y contra todos los eventos sólidas conformaciones de peones, y se ajustaba a un solo y fundamente principio estratégico. Sabía que los peones dislocados, avanzados en exceso y separados en grupos sin relación entre sí, eran al final de las acciones tácticas bases permanentes de dificultades, y se concretaba a menudo a dejarse atacar, a crear aparentes dificultades, para precipitar al rival en agresiones que debilitaran sus cadenas de peones. Era la lucha sutil del estratego contra la impaciencia del táctico, y por medio de este secreto de su técnica fue durante 27 anos campeón mundial. PARTIDA MODELO DE LASKER Muchas son las partidas que se podrían mostrar para probar esta afirmación, pero bastará con que reproduzcamos una de las que le gano a Tarrasch en el torneo de San Petersburgo de 1914, valiosa por la habilidad para destruir la conformación de peones adversaria y quitarle, por medio de sutiles maniobras, los puntos de apoyo que necesitan las piezas para ser efectivas.
1.d4 d5 2.Cf3 c5 3.c4 e6 4.cxd5 exd5 La defensa Tarrasch del gambito de dama es un fiel reflejo del estilo que destaco al admirable cirujano de Nuremberg. A cambio de un peón aislado, deficiencia estratégica fundamental, se aseguran las negras grandes posibilidades tácticas por medio de las columnas abiertas y comodidad en espacio. Es la lucha entre la táctica y la estrategia; lucha de peones perfectamente delineados, contra una defectuosa conformación de los mismos. 5.g3 Cc6 6.Ag2 Cf6 7.0-0 Ae7 8.dxc5 Axc5 9.Cbd2 Lasker tratara de bloquear al peón aislado por medio de Cb3 y Cd4, y en realidad provoca la jugada d4, que debilita aun mas al peón central aislado 9...d4 10.Cb3 Ab6 11.Dd3 Ae6 12.Td1 Axb3 13.Dxb3 De7 14.Ad2 0-0 15.a4 … Esta jugada, que aparentemente quiebra los principios de avances de peón, tiene por objeto todo lo contrario: debilitar totalmente el ala dama de peones negros. Tarrasch la califica de jugada excepcionalmente sutil. No se puede ahora. 15...Dxe2, por Te1 y luego Af1, ganando la dama 15...Ce4 16.Ae1 Tad8 17.a5 Ac5 18.a6 … Se entrega un peón, pero se deshacen los peones del ala dama y se logran ventajas decisivas de orden estratégico. Será ya una lucha de buenos peones contra malos peones, y solo un recurso táctico puede salvar al Dr. Tarrasch 18...bxa6 Si 18...b6 19.Da4, seguido de Tb1 y b4, ganando el peón d 19.Tac1 Tc8 20.Ch4 Ab6 21.Cf5 De5 22.Axe4 Dxe4 23.Cd6 Dxe2 24.Cxc8 Txc8 25.Dd5 De6 26.Df3… Las blancas han ganado calidad a cambio de dos peones, pero esto no compensa por la mala conformación de la cadena negra de los mismos 26...h6 27.Ad2 Ce5 28.Txc8+ Dxc8 29.De4 Cd7 30.Tc1 Df8 31.Axh6 … Comienza Lasker a recoger la cosecha de su mejor concepto de la estrategia 31...Cc5 32.Dg4 f5 33.Dg6 Df7 34.Dxf7+ Rxf7 35.Ag5 Cd3 36.Tb1 Re6 37.b3 …
El final es aun difíicil. Lasker evita que el rey negro haga valer su mayor agilidad 37...Rd5 38.f3 a5 39.h4 Cc5 40.h5 d3 41.Rf1 a4 42.bxa4 Cxa4 43.Af6 … Ingeniosa jugada. El alfil es inmune a la captura, porque el peón h se coronaria. 43...Re6 44.Axg7 Rf7 45.Ae5 Cc5 46.Td1 1-0 Esta partida, como otras muchas del match, es un ejemplo vivo del estilo de Lasker y de las razones por las cuales este maestro, estratego profundo que despreciaba los detalles tácticos de los planteos, batía a los hombres de su época y demostraba que en ajedrez nada hay tan valioso como la comprensión de los detalles fundamentales de la lucha. Y que la táctica en los planteos es un simple fuego artificial EL TABLERO DE AJEDREZ Un mérito singular tuvieron los árabes: el de jugar al ajedrez. Fastuosos y opulentos, era su tablero de ébano y marfil con cantoneras de oro; las piezas blancas, de cristal de roca; las rojas, de rubí. No se sabe quiénes fueron sus maestros; que los tuvieron, pues nada más insostenible que la tesis vulgar de que aquellos inventaron el juego. Donde quiera que ha ido el investigador -a la China, al Egipto, a la Persia, a la India-, ha encontrado un ajedrez más complicado que el de los musulmanes, más numeroso de piezas y casillas, más abstruso, si se puede decir, y hasta no exento de un cierto carácter esotérico. El árabe no inventó el ajedrez; lo recibió en herencia. Su virtud consiste en haberlo simplificado y reducido a más humanos términos. Porque aunque resulte extrañamente comteano lo que voy a expresar, el ajedrez nos ofrece sus tres estados bastante precisos: el teológico, el metafísico y el positivo. En la sabia India, en el severo Egipto, en la profunda Persia, el tablero ajedríztico proponía, más bien que un problema de lógica, como ahora, un enunciado teogónico. Cada pieza era un dios. Acaso para el persa, las piezas negras representaban las funestas fuerzas de Arimanes, y las blancas, los salvadores poderes de Ormuzd. En la India sería el ajedrez como quien dijera el Ramayama vertido a tablero; o más aún, el Bagavah-Gita traducido al marfil. La etimología nos revela el origen persa de algunas piezas, como el alfil, nombre procedente de "pil", vocablo que en la lengua del Zend Avesta significa elefante. En son de trivial referencia recordaré que el Alfil se denomina el loco, fou, entre los franceses, -y de ahí su gorro de bufón en los diagramas, - y bishop, obispo, entre los británicos. Desearía conocer exactamente algún día las relaciones que haya entre un elefante, un obispo y un loco... Nadie dará jamás con su origen. Y así han salido frustrados los intentos de hallar el del ajedrez. Sin asomo de propósito irónico, es dable preguntarse si lo hubimos por la revelación, o si poco a poco se fue constituyendo y perfeccionando. Yo me atrevo a creer que nació perfecto. Me atrevo a creer que fue la aplicación ingeniosa de alguna serie matemática, de algún desarrollo algebraico. A menudo ocurre de tal modo con las conquistas de la ciencia: esto se queda para el estudioso; estotro se deriva hacia el esparcimiento de salón. El juego de las damas, que algo se le asemeja, tiene su origen bien averiguado en los altos números. Yo he leído en algún lugar que ya ha sido descubierta la síntesis matemática de tal juego, a punto que jugando con justeza, el que sale gana. Podrá también hallarse con los años la síntesis ajedríztica, y habrá entonces, para pobreza nuestra, un misterio menos en la tierra. Las piezas blancas triunfarán siempre, es decir, las fuerzas puras de Ormuzd, como está escrito. Para los árabes tuvo el ajedrez un interés exegético. La libertad que el Corán les negaba, dábasela el tablero. Atenidos, de labios afuera, a la ortodoxia coránica, decían saber que todo viene de Alah; más, corazón adentro, no acababan de proponerse el por qué de la buena o mala andanza. No les respondía el fatalismo valederamente. El ajedrez, en cambio, les sugería la deseada verdad. En efecto, todo el juego contiene la explicación del destino, de acuerdo con el principio hindú del karma, en el que se le concibe inteligente y justiciero, esto es causado rigurosamente por nosotros mismos. Veámoslo. Siéntome a jugar frente a mi maestro, por libre y mutua voluntad; lo que enseña, no bien se "trascendentaliza", que si en el mundo estoy moviendo las piezas de la vida, nadie, sino yo mismo me lo impuso así. Estamos frente a frente, dotados de idénticas posibilidades. Esto me da la noción del frente a frente que es de rigor en la vida, y de la originaria igualdad que es de su esencia. Más como la acción a que se está consagrado no puede realizarse sin la modificación, la absoluta igualdad se destruirá muy pronto, mediante los actos libres - hay que decir de algún modo - de cada jugador. Igualdad absoluta significa treinta y dos piezas en reposo: así no se juega. Así no se vive tampoco. Más la desigualdad proveniente de la acción no será ni casual ni arbitraria, ni siquiera fatal en el sentido desolante: se fundará en la ley de la estricta justicia. El que resuelva mejor su problema, y no el que por ante sí lo imponga, será el superior. Como en la vida, todo es problema en el ajedrez, desde la apertura hasta el mate. Pero todo es equidad y todo es ley. Tengo aquí peones, Caballos, Alfiles: están medidas mis potencias. Puedo adquirir, sin embargo, nuevas fuerzas por la combinación acertada de las que me han sido consentidas. Y, a la inversa, puedo disminuirlas o perderlas. Nadie sino yo tendrá la culpa de esto. Una combinación errónea me traerá siempre a menos, bajo el jaque del rival. De donde se infiere, provechosamente, que la violenta ambición es perversa consejera, y que tan sólo se ha de tomar en cuenta el interés de la armoniosa verdad. La multiplicidad de peligros de que vivimos rodeados se evidencia en el tablero. Hemos jugado por fin. ¿Qué hará el adversario?... Es el dueño de innumerables posibilidades; el mero paso de su peón, con ser nada más que un peón, puede comprometer todo mi plan y ocasionar mi ruina. Lección incomparable, que nos instruye en la suprema ley de la relatividad. ¿Y lo que se pierde, se pierde para siempre? El ajedrez nos da un consuelo. Si cuidamos la marcha de los ínfimos peones, tan pequeñitos como son, apoyando su avance con bien distribuidas fuerzas, alguno de ellos entrará a los últimos cuarteles del adversario y será nuestro precio de recate por la pieza grande que entregamos en temerario arranque al lazo del enemigo. Así, del propio error viene a servirse el ajedrizta paciente para la ulterior victoria. Parece que por tales caminos se nos aleccionará de que no hay modesta intención ni altruista constancia que al cabo no fructifique. Porque todo este juego se funda en el ejercicio altruista de los poderes, como se ve de inmediato cuando se considera que siendo el Rey la pieza menos útil, por él pelean las demás, denodadas y terribles. También se advierte que la pieza jaqueada no atiende nunca a su particular salvación sino a la del conjunto que se le sobrepone. A pura lógica, a puro rigor racional, se pierde o se gana. Ni azar ni arbitrariedad da o quita el merecido laurel. En la postrera esquina del jaque-mate el Rey se rinde ante las cosas evidentes. Sin amargura ni rencor, el perdidoso aleccionado recomienza la partida... Pero volvamos a los estados comteanos. El ajedrez de los árabes siguió teniendo por principio, aunque muy morigerado, el del antiguo derecho divino del Rey. No pudiendo sustraerse a las influencias del medio, la edad feudal lo hizo feudal. Lasker denomina esa época los tiempos de las celadas. Se jugaba, en efecto, fuera en la España de Ruy López, fuera en la Italia de Greco el Calabrés, a base de emboscada y de sorpresa. Las grandes piezas dominaban las casillas y hacían, súbitamente, los más atrevidos saltos.
Pero llegaban ya los años de Voltaire, de Rosseau, de Diderot. La organización feudal temblaba. Se proclamaba los derechos del hombre en los libros y en las plazas. Entonces mismo, Filidor, Francisco Andrés Danican Filidor, proclamó en el tablero el concepto revolucionario de los derechos del peón. Y probó su verdad obteniendo asombrosas victorias. Debió escribirse en su epitafio: Destruyó el derecho divino del Rey y de las nobles piezas, y consagró el derecho popular de los peones... Así entró el ajedrez a su postrer estado, el estado positivo del examen, del análisis, de la síntesis. Cuando digo que los árabes dieron al mundo estupendos regalos, digo apenas la verdad. Ajedriztas admirables, los califas jugaron en el tablero de las naciones, y sus rápidos Alfiles dieron jaque a media Europa por la blanca diagonal de los desiertos. …………………………………………………… Diccionarios como el de Toro y Gómez, traen el vocablo "ajedrizta", que yo usé. En perfecta libertad de opinión, dado que no hay "legislación académica" al respecto, "debe optarse" –me parece- por lo más eufónico, económico y bello. En consecuencia, prefiero "ajedrizta"; expresión análoga, por su estructura, a la que designa entre nosotros al partidario de Juárez, a quien no se dice "juarecista" sino "juarizta", con mejor aviso. Embellecer el idioma es también patriótico deber que nadie rehusaría; digamos, pues, "ajedrizta", en lugar de "ajedrecista". ¿Por qué? Por razón eufónica, y está dicho todo. No de otro modo se formó nuestro lenguaje: sin más regla ni razón que la exactitud y la armonía. NOTICIAS DE AJEDREZ 1) Clases de NIVEL INICIAL DE AJEDREZ del Prof. Matias Salvador, todos los sábados de 11 a 12hs. en Santo Tome 3823 Capital Federal. Club Pacifico - CAVP : 20 pesos x mes. . 2) Desde el miércoles 28 de septiembre El Maestro Hernan Perelman comenta en vivo las partidas del Mundial de Ajedrez de San Luis 2005 en Bonifacio 2808 y Lafuente, Capital Federal, a 4 cuadras de Plaza Flores, Café Poble Nou. Horario: de 16 a 21h. Entrada $ 5 + consumición. EL RINCÓN DEL AGUAFIESTAS -91- Parece ser que el AF 90 causó algunas reaccione desfavorables por interpretarse, tal vez, que se trataba de una crítica a una persona a la cual jamás había oído nombrar hasta hace poco tiempo y cuyo punto de vista sobre un tema puramente ajedrecístico no podía compartir. Pues bien, ahora el Aguafiestas se cuida de no dar pie a suposiciones de que se ocupa de acosar personalmente a gente por otro lado muy meritoria; de modo que ahora descarga su muy mal humor directamente sobre el diario argentino de los amores de toda su vida acusándole de hacerle perder inútilmente el tiempo a los muchos que siguen su página de ajedrez de los domingos y hasta los profesores y alumnos que usan sus partidas y problemas como material para su ejercitación semanal, antes de ver la solución en el número del domingo siguiente. En su número del 11.09.05 presenta un final de Karlis Behtings, famoso compositor letón de finales de estudio y artísticos. Juegan las blancas y ganan
Tras una semana de análisis infructuosos de los alumnos y la sensación de fracaso de su instructor, llega el número del domingo 18.09.05 ¡¡¡con la esperada solución!!!que aparece escrita en estos términos: 1.Rc6!! g1=D 2. Cxh4 Da1 3.Cf3! = Esto es lo que todo el mundo vio pero desechó las TABLAS porque el enunciado decía textualmente "Juegan las blancas y ganan". Al Aguafiestas le parece una burla sangrienta aunque algunos no lo piensen así. En realidad, a un error se le puede aplicar lo de "errare humanum est" pero una ristra de distracciones iguales ya no es humana.
NUESTRO CÍRCULO Director : Roberto Pagura ropagura@ciudad.com.ar (54 -11) 4958-5808 Buenos Aires, Argentina http://ar.groups.yahoo.com/group/nuestro_circulo/ dir: Victor Francia return to Index of Nuestro Círculo
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