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Nuestro Círculo Nº 149 Semanario de Ajedrez, 11 de junio de 2005
El ajedrez actual, todos sabemos, está muy ligado a los progresos de la ciencia y la tecnología que han hecho posible la computadora personal y programas como Chess-Base y Fritz, entre muchos otros, que permiten el archivo de millones de partidas y facilitan el aprendizaje del ajedrez en una medida nunca antes conocida. Porque Nuestro Círculo cree conveniente divulgar la obra de los hombres de distintas disciplinas que han contribuido, directa o indirectamente, a la difusión y progreso del ajedrez, dedicamos este número a la memoria de un hombre de ciencia como Claude Elwood Shannon. Claude Elwood Shannon nació en Petoskey, Michigan, en 1916. Hijo del juez de Gaylord y una profesora de secundaria, desde su juventud se destacó por su inquietud investigadora y su habilidad para la creación de prototipos técnicos, tal vez dando continuidad al talento creativo de su abuelo. Se graduó con premio extraordinario en la Universidad de Michigan en Ingeniería Eléctrica y en Matemáticas y a los 20 años se trasladó al MIT como ayudante de investigación en ingeniería eléctrica donde, a los 24 años presentó su tesis doctoral en matemáticas sobre la aplicación del álgebra "booleana" en el análisis de datos. En el MIT se ocupó del desarrollo de los primeros ordenadores, cerca de Vannevar Bush, cuyo "Memex" ha sido considerado un antecedente de Internet. A los 25 años publica "Teoría matemática del análisis diferencial". También trabajó en los Laboratorios Bell y en el "Instituto para estudios avanzados" de Princenton en sistemas de automatización de armas. Pero su trabajo central no aparecerá hasta 1948, cuando presenta su Teoría Matemática de la Comunicación, un trabajo que ha sido calificado como la "carta magna" de la era de la información, que un año más tarde revisa, en un trabajo enriquecido por Warren Weaver bajo el enunciado de "Teoría matemática de la comunicación" publicado por la Universidad de Illinois. La biografía de Shannon está llena de los frutos de su ingenio, con numerosas aplicaciones en el campo de las máquinas automáticas, desde un ratón electrónico hasta un W.C. automático, pasando por diversos juegos electrónicos de ajedrez, calculadoras, instrumentos musicales, juguetes mecánicos, relojes, etc. Miembro de la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias, de la Academia Nacional de Ciencias, de la Academia Nacional de Ingeniería, de la Sociedad Filosófica Americana y la Royal Society de Londres, entre los numerosos premios recibidos por Shannon, se destacan la National Medal of Science en 1966 y el Kyoto en 1985, entre otros. Claude E. Shannon falleció en Medford, Massachusetts, en el 2001, a los 85 años de edad. Las estrategias de Shannon Más o menos al mismo tiempo que Turing, otro gran matemático, Claude E. Shannon trabajó en el proyecto de enseñar a una computadora jugar al ajedrez. Shannon fue el primero en advertir que el problema central en la programación es el gran número de continuaciones que puede tener una jugada en la partida de ajedrez, y entonces distinguió entre una "Estrategia A" que mira todas las continuaciones y una "Estrategia B" que descarta ciertas líneas. Precisamente, hoy distinguimos entre los programas de "fuerza bruta" y los programas "selectivos", si bien los programas más fuertes pertenecen más bien a la segunda categoría. El descubrimiento de Shannon fue importan-tísimo, esencial, a tal punto que aún hoy es la cuestión clave en los programas de ajedrez. Es que en el ajedrez no basta con saber las reglas y aplicarlas en la partida; sino que es fundamental la distinción entre las jugadas buenas y malas (problema que aún no ha sido definitivamente resuelto por los progra-mas de ajedrez). Fue hacia 1949-1950 cuando Claude E. Shannon expuso en un célebre artículo los dos tipos posibles de programas. La estrategia A (llamada también método de la "fuerza bruta"). En una posición dada, el programa calcula "todos" los movimientos posibles y "todas" las posibles respuestas, y así sucesivamente, hasta un determinado límite. El inconveniente de este método es el rapidísimo aumento de las ramificaciones de variantes, además del problema de la evaluación de la posición, que aquí depende fundamentalmente del material, y que puede dar lugar a graves errores (por ejemplo cuando al tope de la profundidad de cálculo quedan aún por efectuar cambios de piezas). La solución para estos inconvenientes es aumentar la profundidad del análisis. La estrategia B. Dados los inconvenientes mencionados, Shannon concibió esta nueva estrategia que no consiste en explorar todos los movimientos posibles, sino buscar concretamente las posiciones del tipo llamado "estático" (es decir: sin posibilidad de canje de material). En otras palabras: la profundidad de análisis no se halla predeterminada, sino que depende de la evaluación de la posición anterior. Con esto se considera sólo una parte de las posibilidades, y el programa se concentra en los movimientos más prometedores. Se trata pues de una búsqueda selectiva, orientada, de la mejor jugada. Evidentemente, esta estrategia trata de imitar el estilo de juego del humano, pues es sabido que ni siquiera los grandes maestros analizan más de 3 ó 4 jugadas. La verdadera diferencia entre el aficionado y el gran maestro estriba en la experiencia y en la intuición con que el mejor jugador domina de una ojeada la posición para reaccionar en consecuencia. Ya lo dijo Reti cuando se le preguntó cuántas jugadas preveía por adelantado: "En general, no más de una". La teoría de la comunicación En "Teoría matemática de la comunicación" de C. E. Shannon y W. Weaver, se define el concepto de comunicación de una manera muy sencilla: "comunicación son todos aquellos procedimientos por medio de los cuales una mente afecta a otra". Esto incluye voz, texto impreso o escrito, música, artes, teatro y danza. En la misma obra se amplía la idea anterior para concluir la posibilidad de comunicación entre máquinas: "comunicación es la suma de procedimientos por medio de los cuales un mecanismo afecta la operación de otro", y se menciona explícitamente, como ejemplo, el control de aviones. En estos días es difícil pensar que alguien niegue conscientemente que la información tiene un valor; la información ha ido ganando importancia conforme la gente que toma decisiones esta convencida de que ésta se puede asociar a un valor real, frecuentemente ligado a un valor material o económico. Esto es distinto de lo que ocurría en otras épocas, en que predominaban otros bienes y servicios, que tenían un mayor valor económico. A las épocas de grandes cambios en la historia de la humanidad, se les han asignado nombres especiales: el Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial... En nuestros días es de vital importancia poseer, administrar y transmitir información, la cual influye sobre toda la humanidad que se ve dominada por quienes tienen, administran y transmiten este recurso. Por esta razón se dice que la actual es una sociedad de la información o de la revolución electrónica, debido a la facilidad con que se procesa y transmite la información por medio de los sistemas modernos dispositivos electrónicos. Ya desde la primera Guerra Mundial se reconoció plenamente el valor estratégico de la transmisión de información: no era suficiente que llegara la información a su destino, sino que debía llegar de manera confiable y segura, sin la posibilidad de ser interceptada o escuchada por otras personas, a pesar de la presencia inevitable del ruido en los canales de comunicaciones. Estos problemas constituyen los temas centrales de la teoría de la información, producto de la mente genial de Claude Edward Shannon. Dentro del contexto de la ciencia, la tecnología y la ingeniería, es posible afirmar que la riqueza y la belleza de las telecomunicaciones radican en el hecho de que en ella convergen y encuentran un equilibrio la ciencia pura, la ciencia aplicada, la ingeniería y la tecnología. La presencia de la ciencia se puede identificar desde los orígenes de las telecomunicaciones en los trabajos fundamentales de Wiener y Shannon. Por otra parte, la tecnología y la ingeniería se hacen presentes en el momento de convertir dichos conocimientos cientifícos en elementos que satisfacen necesidades humanas. F. FISZMAN AGRADECE Nuestro amigo Félix Fiszman agradece vivamente a los socios y compañeros del Círculo de Ajedrez de Villa del Parque, el CEDEM nº 3 de Caseros y el Club Ciudadela Norte, que han costeado generosamente su internación en un Instituto de Rehabilitación, tras la cual podremos muy pronto tenerlo entre nosotros después de su operación de cadera de tres semanas atrás. En las gestiones pertinentes intervinieron su amigo Víctor Goldfinger y la redacción de N.C., que han podido comprobar cómo obra milagros la solidaridad entre los hombres y mujeres de buena voluntad. ÁLBUM DE RECUERDOS Desde mi radicación en Europa, a fines de 1978, he tenido la oportunidad de tratar personalmente a distintos grandes maestros que dominaron la escena del ajedrez mundial y con varios de ellos mantengo un buen vínculo amistoso. Durante años fui testigo directo de eventos internacionales muy importantes, de los cuales cubrí la información para diferentes medios de prensa. Además jugué en torneos donde participaron figuras de gran jerarquía. Por la experiencia acumulada soy un rico "insider" del mundo ajedrecístico. Sería injusto dar nombres y hacer distingos en esta breve reseña. Atesoro recuerdos memorables de gratas tertulias, numerosas recepciones y eventos compartidos con todos mis amigos cuyos análisis y opiniones sobre el ajedrez han sido para mí fascinantes. Pude conocer personalmente a varios campeones mundiales, con quienes tuve el enorme placer de dialogar, entre ellos el Dr. Max Euwe, V. Smyslov, M. Tal, T. Petrosian, R. Fischer, B.Spassky, A. Karpov, G. Kasparov, V. Anand, A. Khalifman, R. Ponomariov y V. Kramnik. Y siempre lamentaré que por causa de una gripe no pudiera tratar personalmente (en una recepción a la que estaba invitado) al inolvidable campeón M. Botvinnik. En 1981 asistí en Amsterdam a la fiesta en la que se celebraron los 80 años del Dr. Max Euwe. Con su proverbial gentileza me habló en castellano y tuvo elogiosas palabras y recuerdos para sus muchos amigos del ajedrez argentino. Unos días después, en una reunión organizada por mi ex - sponsor, el mecenas alemán Arnfried Pagel en Bergen aan Zee, mis hijos Hebert Jr. y Héctor tuvieron el inmenso honor de jugar en una sección de simultáneas que dió el Dr. Euwe. El campeón ganó esos encuentros sin dificultad, pero le gustó el entusiasmo expuesto por los chicos a quienes estimuló con palabras muy amables. "Ustedes tienen talento, sigan adelante y estudien que llegarán a maestros ". Un día después constaté, en el mismo lugar, el enorme amor por el ajedrez de ese extraordinario "gentleman" que es el gran maestro, Vasily Smyslov (campeón mundial 1957-58). En una de sus caminatas por el edificio, vio Smyslov de pronto una partida amistosa que jugaba mi hijo Hebert Jr. con el ajedrecista chileno Armando Martinez Loyola. Al parecer la partida en cuestión era sumamente complicada, rica en posibilidades combinativas. Smyslov se "enamoró" de la posición y por espacio de una hora se quedó analizando con ellos, explicándoles los detalles de hermosas combinaciones que él veía. Totalmente apasionado, se alejó de la realidad en la cual era él un importante protagonista. En una sala lindante colmada por grandes personalidades, todos se preguntaban, ¿dónde está Smyslov? Pues bien, ustedes ya saben. En 1996 en Groninga realicé un documental basado en el torneo-exhibición que reunió a los 7 "sobrevivientes" del famoso torneo internacional de Groninga jugado cincuenta años antes. Smyslov se regocijó con ese video (del cual conserva una copia) y me obsequió posteriormente un cassette musical profesional del sello "Melodía" que reúne un famoso repertorio cantado por él con su hermosa voz de barítono, que engalana mi colección musical. Los campeones rusos o ex soviéticos me asombraron siempre por la exuberante modestia y sencillez personal. En 1995 en Amsterdam gocé una larga hora de análisis con Alexander Khalifman. Le había preguntado algo acerca de una de sus partidas y para complacer mi interés me dio espontáneamente una bella lección de ajedrez sobre la misma. Con Boris Spassky en Rotterdam pude dialogar sobre interesantes temas generales del ajedrez de entonces. Mikhail Tal y Tigran Petrosian intercambiaron amables saludos conmigo, pero apenas conversamos. Mi primer encuentro con Anatoli Karpov se produjo en medio de negociaciones realizadas por Arnfried Pagel al comienzo de los años ochenta. Su meta era contactarlo para jugar torneos por equipos en favor del Konings Club Bergen. La ronda de conversaciones fue muy cordial pero Karpov desistió del ofrecimiento, debido a la presencia activa, en el plantel del club, de grandes maestros "disidentes" (emigrados) soviéticos. Karpov adujo que su rechazo le evitaba probables problemas con las autoridades políticas de su país. En años posteriores conversé, filmé y seguí frecuentemente las actividades de Karpov en Holanda. Admiro su cordialidad y su fineza personal para las relaciones públicas. Naturalmente, también su colosal talento ajedrecístico. Vladimir Kramnik es una persona servicial y amable con quien se puede dialogar sin rodeos previos. Nuestro contacto fue solamente formal hasta ahora. Gary Kasparov, constantemente muy inquieto y apurado por múltiples compromisos, me saludó cortesmente y accedió a fotografiarse junto a mi esposa la primera vez que lo vi. Jugó muchos torneos en Holanda y pude filmar diversos momentos de sus actuaciones. Conservo lindos recuerdos de sus fenómenales análisis en los post-mortem de sus partidas. Al legendario Robert Fischer lo ví por primera vez en la Argentina en 1970, en el teatro San Martín y en sus visitas al club Argentino de Ajedrez. Nos dimos un apretón de manos y se sonrió al enterarse de que yo formaba parte de su legión de admiradores. Me divertí viendo muchos de sus encuentros de rápidos "ping-pong" ante los grandes maestros Najdorf, Quinteros, Pilnik y otros. Jugaba con fantástica velocidad y precisión. El hindú Vishy Anand posee un encomiable conocimiento del idioma castellano. Realmente fue un espectáculo aparte verlo analizar sus partidas con Shirov y Topalov (conversando todos en nuestra lengua). Anand es un caballero de pura cepa. Su simpatía y gentileza es impactante. Hemos dialogado en distintas ocasiones y su personalidad encantadora sigue siendo la misma de cuando no era campeón. Puede decirse que sus cuantiosos éxitos nunca lo cambiaron. Al joven ucraniano Ruslan Ponomariov lo conocí en Wijk aan Zee. Su juventud contrasta con su apacible y madura imagen. Sonríe delicadamente con timidez y gestos cordiales. No esquiva el diálogo y tiende fácilmente su mano saludando con toda cordialidad. Sólo intercambiamos un respetuoso saludo en una reunión de prensa. Generosamente colaboró conmigo mientras lo filmaba en distintos escenarios.
HISTORIA DEL AJEDREZ ARGENTINO - 1 - (El Gráfico, 1944) El campeonato argentino de ajedrez se disputó por primera vez en 1921. Hasta entonces no había habido precisamente un campeón nacional, sino campeones del Club Argentino y del Círculo. Brillaban en la primera de las instituciones mencionadas Julio A. Lynch, que acababa de despojar del título social a Rolando Illa, considerado justicieramente durante los ocho años anteriores el mejor ajedrecista del país, el mismo Illa y Benito H. Villegas, que ya entonces era un veterano del tablero. Sobresalían en el Círculo de Ajedrez el campeón Valentín Fernández Coria, que venía de arrebatarle el título de esa entidad a Roberto G. Grau, el propio Grau, Damián M. Reca y Luis Palau. En 1921, como decimos, desde el 8 de octubre hasta el 20 de diciembre, en que terminó el turno general, los 7 jugadores citados y otros 16 participaron en el torneo abierto que había de consagrar el primer campeón del país, con prescindencia de núcleos societarios. Para el turno final (año 1922) se clasificaron Reca, Villegas, Grau, Lynch e Illa. Empatado el puesto de honor por los dos primeros, Reca se adjudicó el match de desempate y, con él, el galardón que acababa de instituirse. RECA, EL CIENTÍFICO. Damián M. Reca, primer campeón argentino de ajedrez. No sólo merece recordarse su nombre por esta honrosa circunstancia, sino, sobre todo, por la calidad de su juego incomparable. No sabemos si la eficacia práctica de Reca sobre el tablero fue mayor o menor que la de nuestros actuales aficionados que ocupan las posiciones más destacadas; lo que afirmamos es que ninguno de ellos desplegó jamás un juego tan científico, tan sistemático, tan lógico y tan rebosante de profundas enseñanzas. Reca guiaba sus maniobras por principios generales que había descubierto después de sesudos estudios. Frente a una posición determinada, pensaba: "Esta posición debe estar ganada por por tales y cuales motivos: la estructura de los peones blancos, el dominio de las columnas por las torres , la centralización de las piezas, etc. Existe, entonces, una maniobra ganadora. En consecuencia, sólo se requiere encontrarla" Y lo terrible era que no sólo la buscaba, sino que casi siempre la encontraba. Maniobra prosaica o hermosa, pero indeindefectiblemente la más científica. Cuando se le felicitó por la más bella partida del torneo nacional de 1921 (según el fallo de Capablanca, juez único), que le ganó a Palau, Reca se limitó a responder: "En esta posición tenía que haber una jugada ganadora". Alekhine quedó tan impresionado por los conceptos estratégicos que Reca le desarrolló, por las variantes propias que le expuso, que pronosticó su rotundo triunfo sobre Grau en el match de 1926, precisamente el match en que Reca perdió el campeonato argentino, para no recuperarlo más. Reca, lo mismo que Grau, dejó de existir a los 44 años. VILLEGAS, LA ETERNIDAD EN AJEDREZ. El segundo campeón argentino fue el veterano Benito H. Villegas. ¿El segundo?. No: el primero, el segundo, el tercero, el vigésimo y el campeón de todos los tiempos. Es tradicional su consagración al ajedrez; es no un trozo de la historia del ajedrez argentino, sino esa historia íntegra. Resulta maravilloso y verdaderamente envidiable que, ante los abrumadores problemas que conmueven a la humanidad, ante el fermentar político, social y bélico que sacude al mundo, haya alguien a quien nada de esto le preocupa porque, sumergido en las 64 casillas alternativamente blancas y negras del tablero, no se ha enterado de nada. ¡Cuántos ajedrecistas, quizá con más condiciones, han derrotado a Villegas en un momento en que su entusiasmo, si no llegó a igualar –porque eso es imposible- se aproximó al del veterano!. ¡Y a cuántos –a casi todos ellos- Villegas ha vuelto a superar apenas se debilitó el fuego sagrado de sus vencedores ocasionales! No importa que algún adolescente triunfe hoy sobre el viejo ajedrecista criollo y payador. Dentro de 20 años -estamos seguros de ello- Villegas, con su jueguito tremendamente defensivo, colocando todas sus piezas lo más atrás posible, se tomará amplio desquite. Digamos rápidamente, sin embargo, que Villegas fue campeón porque Reca se negó a disputar otra vez su título contra el veterano, por entender que su rival más calificado era Grau. El jurado "ad hoc" proclamó entonces campeón argentino al vencedor de un descolorido match entre Villegas y el Dr. Lizardo Molina Carranza, que después ocuparía una banca en el Concejo Deliberante. Pronto Reca cambió de parecer. En 1923 readquirió su título, que nunca había perdido sobre el tablero, jugando como desafiante contra Villegas. Volvió a vencerlo, en un nuevo match, por 4 partidas ganadas, 2 tablas y 2 perdidas. NUESTRA PRIMERA OLIMPÍADA. El primer equipo de ajedrecistas argentinos, integrado por Recam Grau, Fernández Coria y Palau, dejó nuestras playas en 1924 para concurrir a las Olimpíadas de París en defensa de los colores nacionales. Sus hazañas constituyeron una verdadera revelación. Sobresalieron especialmente Palau y Grau. Ambos derrotaron al Dr. Euwe, que andando el tiempo conquistaría el campeonato del mundo, y Palau, además, llegó al turno de los finalistas. Cuando trece años después, en Estocolmo Euwe, siendo ya campeón del mundo, le ganó a Piazzini, pudo exclamar, satisfecho: "Menos mal; ¡al fin he podido vencer a un argentino!" GRAU, HOMBRE MÚLTIPLE En 1926 se inicia el reinado de Roberto Grau, que prácticamente, con numerosos altibajos, se prolongó hasta 1939. Contra la opinión general, inclusive la de quien al año siguiente sería campeón del mundo, Grau desafió a Reca y lo superó por por 3 partidas ganadas, 1 perdida, 4 tablas y 2 a jugarse. Es cierto que si Reca hubiese ganado estas dos últimas, aún habría podido defender su título; pero, deprimido, careció de espíritu para hacerlo. De todos los ajedrecistas argentinos, ningún nombre más difundido en el país y el exterior, que el de Roberto Grau. Y por cierto que pocas popularidades han sido más merecidas que la de este extraordinario deportista. Tres veces campeón nacional, vencedor de varios torneos sudamericanos, triunfador sobre Euwe en París 1924, según dijimos, le hizo tablas a Alekhine en Varsovia 1935, y a Capablanca en Buenos Aires 1939, además de derrotar al formidable maestro Iñaki Reuben Fine, de la talla de cualquiera de los nombrados, en Varsovia 1935. Fine, seguro de aplastar a su adversario, se puso a escribir tarjetas mientras jugaba su partida. De pronto, como la posición se le había tornado crítica, suspendió el despacho de la correspondencia y se concentró en el tablero; pero ya era tarde: Grau lo fulminó. Muchas cosas podrían decirse de Grau como ajedrecista, que omitimos por conocidas en exceso. No tuvo en el tablero una personalidad acentuada, como la científica de Reca, la maravillosamente combativa de Pleci, la "posicional" de Jacobo Bolbochán o la agresiva a todo trance de Guimard. Stahlberg le ha achacado falta de originalidad. Pero aunque ello fuera cierto, la verdad es que compitió de igual a igual con los cuatro, que venció y fue vencido por ellos y que frecuentemente los superó merced a la posesión de una gama de recursos más rica y variada. Pero el ajedrez sobre el tablero, que es toda la vida de Villegas, apenas si ocupó una faceta insignificante de la existencia intentísima de Grau. Escritor ameno, periodista consagrado, jefe de deportes de "La Razón" en cierta época, profesor, autor del famoso "Tratado General de Ajedrez", el libro más importante dentro de la literatura ajedrecística de habla castellana y dirigente del ajedrez, ejerció en este sentido una gravitación inigualada que lo hizo adorable para algunos y temible para otros. (continúa)
NUESTRO CÍRCULO Director : Roberto Pagura ropagura@ciudad.com.ar (54 -11) 4958-5808 Buenos Aires, Argentina http://ar.groups.yahoo.com/group/nuestro_circulo/ dir: Victor Francia return to Index of Nuestro Círculo
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